Vermúdez: una cena a lo ‘Benny Hill’

¿No os pasa que cuando tenéis muchas ganas y muy buenas expectativas sobre un sitio, a veces os quedáis deshinchados tras la visita? Pues podría decir que eso es lo que me pasó con Vermúdez. No dejaba de recibir recomendaciones y, por fin, me decidí a reservar una mesa para una noche de viernes entre amigos.

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Habíamos reservado para el segundo turno, a las once de la noche. Llegamos un par de minutos antes de la hora y preguntamos en la barra por si tenían lista nuestra mesa. Al principio no nos respondieron, y después nos comentaron que lo sentían mucho pero que habían dado nuestra mesa a otras cuatro personas y que, a pesar de haber reservado, tendríamos que esperar hasta que otra mesa similar se levantara. Nos ofrecieron un vermut durante la espera pero, por lo menos a mí, no me sirvió de nada.

Estuvimos alrededor de una hora esperando en la entrada, sentados al menos en una barrita y sin el agobio del interior de la sala. Nada más llegar nos pusimos a charlar y se nos fue el santo al cielo. Cuando nos dimos cuenta, eran más de las 23:30 h., así que fuimos a preguntar por nuestra mesa, a lo cual nos respondieron que lo sentían mucho pero que tendríamos que seguir esperando. Desde el principio valoramos la posibilidad de buscar otra alternativa para nuestra cena, pero como nos apetecía mucho probar, decidimos quedarnos.

Finalmente llegó la medianoche y, al contrario que la Cenicienta, para nosotros la noche acababa de empezar. Por fin llegamos a nuestra esperada mesa, y desde aquel momento, todo pasó a cámara ultrarrápida, casi podría decir que con la mítica canción de Benny Hill de fondo. Cartas, pedir, platos, platos, platos, postre, cuenta, cuenta, cuenta, adiós, fue el resumen de la cena.

Comenzamos con unas bravas bastante ricas, una ensaladilla rusa normalita, las croquetas de jamón y un no-muy-tierno pulpo a la brasa. Todo correcto, pero tampoco demasiado destacable.

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Las bravas
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Ensaladilla rusa
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Croquetas de jamón
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Pulpo a la brasa

La segunda tanda de platos continuó con las cocas, una de roastbeef con rúcula y queso, otra de setas con foie y la tercera de verduras con quesos. La de setas y foie no nos acabó, pero las otras dos estaban bastante buenas.

Y, para terminar, el canelón de rabo de buey con bechamel de setas, bastante soso para lo que me esperaba…

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De postre: coulant de chocolate con helado de vainilla, postre fácil y que gusta a todo el mundo, y tarta de queso en tarro, muy buena.

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Coulant
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Tarrito de tarta de queso

Nada más terminar, como al final se nos había hecho tardísimo y estaban a punto de cerrar, pedimos la cuenta (nos tocó hacerlo varias veces, casi persiguiendo a los camareros, que parecía que ignoraban nuestra presencia en el local), y nos fuimos.

Un resumen de mi valoración: Vermúdez es un sitio al que ir a tomarse unas tapas por la zona de Ruzafa sin preocuparse por el precio, está bien, es todo correcto y hay algunas cosas que destacan, pero sin duda la atención no es su punto fuerte, deja mucho que desear.


Más información:

Dirección: Calle Sueca, 16 (Valencia)

Teléfono: 96 303 47 74

Precio: alrededor de 20 euros por persona

Página web: www.facebook.com/barvermudez

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