Atlántico, la casa de comidas de Pepe Solla

Un jueves cualquiera, estaba de visita en Madrid, lo que toca cuando se tienen que hacer recados varios y no se pueden hacer en la distancia. Poco después de aterrizar, llegó la hora de cenar y me decanté por Atlántico, la casa de comidas de Pepe Solla, cocinero que cuenta con una Estrella Michelín en su restaurante Casa Solla (Poio, Pontevedra).

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Lo primero, he de decir que la atención deja mucho que desear. Iba con mis padres, que viven a dos calles y, por supuesto, no era ni la primera ni la segunda vez que habían estado allí. Sin embargo, nada más entrar por la puerta nos convertimos en un mueble más del local. Nos miraban pero allí nadie decía nada. Al cabo de un rato, tras haber hecho la intentona de preguntar varias veces, nos dirigimos a un camarero que ya nos había visto para pedirle una mesa. Y su respuesta, a pesar de tener varias, muchas, mesas vacías: “¿Tenían reserva? No tenemos mesas libres”. “Bueno, pues nada, nos vamos a otro sitio”, pero se me ocurre preguntar si en la parte de la barra las mesas altas que están vacías están también reservadas: “No, ahí sí que se pueden sentar”. “Ah, vale gracias”. La amabilidad y la educación brillaron por su ausencia. ¡Una pena!

A pesar de haber empezado con mal pie, tuvimos la suerte de que nos atendiera una de las camareras de la barra, muy servicial y eficiente, y bastante más educada que su compañero que, no sé por qué, deduje que el encargado del restaurante.

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Atlántico por dentro (Imagen tomada del perfil de Facebook del restaurante)

Además de ello, ni la decoración, de estilo marinero, ni por supuesto la carta, dejan indiferente a nadie. Nada más ver algunos de los platos lo tuve claro y me decanté por:

Una porción de empanada del día: la riquísima empanada de chorizo,

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la ensaladilla rusa con mejillones en escabeche, con un toque picante,

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unas costillas de cerdo melosas y crujientes (de verdad, tiernísimas), acompañadas de una salsa especiada y cachelos asados,

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unos mejillones en curry verde (que no pude tomar pero me aseguraron que estaban muy buenos),

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y un bonito en agridulce de pimentón y algas al que no hace justicia la foto, porque es un auténtico platazo por su sorprendente sabor, untuosidad y originalidad.

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Terminamos la cena con un postre para compartir: “Me pierde el chocolate”, que nos dejó sin palabras. No tengo más que decir que… ¡Acabamos rebañando hasta la última esquina!

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Al final, una experiencia agridulce: si hubiera sido por la atención del principio, que casi nos echó del local, no volvería jamás. Pero, desde que nos sentamos, todo fue mejorando hasta el postre.

Eso sí, me queda pendiente ir a Pontevedra para visitar Casa Solla, ¡no me lo pierdo!


Más información:

Dirección: Calle Velázquez, 31 (Madrid)

Teléfono: 91 435 63 16

Precio: entre 20 y 30 euros por persona

Página web: www.atlanticocasadecomidas.es

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