Los más y los menos de La Duquesita

Hace unos meses, concretamente el 5 de enero, víspera de Reyes, reservé en la recién abierta pastelería La Duquesita un Roscón de Reyes que me imaginaba estaría espectacular. El archiconocido pastelero Oriol Balaguer había reformado y recuperado la esencia de esta pastelería tan tradicional de Madrid, que cerró en junio de 2015 tras más de un siglo de historia.

La Duquesita siempre ha sido un referente de calidad y tradición, tanto para mí, como para el resto de madrileños amantes de lo dulce. Tenía mucha ilusión por volver, y más aún por probar las novedades que sugería Balaguer en la nueva etapa de la pastelería.

Cuando voy a Madrid, a no ser que sea por cuestiones laborales, suelo quedarme en El Escorial. La Duquesita me pillaba un poco lejos como para presentarme allí directamente y arriesgarme a que no hubiera ni un roscón, por lo que opté por llamar a primera hora de la mañana e hice mi reserva para última hora de la tarde. “Sin problema.”, me dijeron, “Aquí le esperamos. Hasta esta tarde”.

Llegué a las 19:00 h., completamente puntual tras una hora de camino. El local estaba a medio cerrar, con la persiana semibajada. Me extrañó, pero vi que había gente dentro y por supuesto no dudé en entrar. No había terminado de decir: “Buenas tardes, vengo a recog…”, cuando me dicen, directamente y sin prestarme la más mínima atención: “No hay roscones. Tiene que esperar a la siguiente hornada y tardará en salir unos 45 minutos.” Evidentemente pedí explicaciones, y por fin me dejaron hablar. Por lo visto habían hecho una hornada que había salido mal y habían tirado todos los roscones, por lo que la estaban repitiendo.

No me dieron más explicaciones y me pareció una vergüenza que, habiendo reservado el producto desde esa misma mañana y a pesar de saber que me iba a costar un dineral (esperando por supuesto que mereciera la pena), no hubiera ninguna solución. ¿Y si la siguiente hornada también salía mal? No esperé ni un minuto más y me fui a buscar rápidamente un nuevo roscón. Así que paré de camino en la pastelería Cala Millor, que ya conocía de toda la vida. El roscón estaba perfecto, así que no lamenté haber perdido la oportunidad de probar el de La Duquesita.

También podría haber elegido ir a La Miguiña o a Mamá Framboise, éxitos asegurados que me quedé con muchísimas ganas de probar. Pero, con las prisas, la hora que era y demás, preferí ir a lo seguro y conocido y evitar volver a quedarme sin mi desayuno para el día siguiente.

Tras este pequeño incidente, hace unas semanas decidí volver a La Duquesita para comprobar cómo habían continuado el camino de la antigua pastelería que fundó en 1914 la familia Santamaría. En esta ocasión, probé varios pasteles y su famoso croissant.

Éclair de chocolate y avellana

1

Éclair de crema y cítricos

3

Pastel de chocolate en texturas

4

Pastel de chocolate con leche y mousse de avellanas

5

Croissant de mantequilla

2

Todo muy bueno, a la altura del nombre de Oriol Balaguer. Sin embargo, de nuevo la atención la califico con un cero, un aspecto tan importante como el sabor de sus pasteles, y que al final acaba restando valor a la nueva Duquesita.


Más información:

Dirección: Calle Fernando VI, 2 (Madrid)

Teléfono: 91 308 02 31

Precio: entre 5 y 15 euros por persona

Página web: www.laduquesita.es

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