Samsha: el revolucionario sueño de Víctor Rodrigo

Hace un par de meses que el chef Víctor Rodrigo inauguró el nuevo Samsha. Después de 10 años de rodaje en el antiguo restaurante, y tras su revolucionario paso por el programa de televisión Top Chef, Rodrigo vio la necesidad de reinventarse y de crear un concepto radicalmente diferente.

El post de hoy no se compone como siempre; en absoluto. Una experiencia como la que viví la semana pasada en Samsha requiere ser contada de una manera completamente distinta. Gracias a Víctor he aprendido que sin mantel puede haber mesa, sin plato puede haber comida, y que, en la oscuridad, se puede jugar con la luminosidad.

Una vez se traspasa el umbral de la puerta de Samsha, uno tiene que estar preparado para experimentar sensaciones completamente nuevas, porque un restaurante ya no tiene por qué implicar que veamos platos, cubiertos, copas y acompañamientos, sino que puede ser todo lo que cada uno quiere que sea. Y, en este caso, se trata del sueño de un chef elevado a la máxima potencia.

Peligro

A partir de aquí, ¡atención! Aquel que esté interesado en descubrir la experiencia de Samsha por sí mismo, este es un post-spoiler en toda regla. El que avisa no es traidor 😉

Y ahora sí, lo esperado: mi experiencia. LA EXPERIENCIA.

Para ir a Samsha solo hace falta adquirir una entrada. ¿Una entrada? Sí, igual que hacemos para asistir a cualquier espectáculo. Y no existe la carta, por lo que cuando se compra la localidad se desconoce por completo lo que se va a comer.

La sesión nocturna comienza a las 21:30 horas. Ni un minuto más, ni uno menos. Hasta ese momento, el chef castellonense y sus compañeros, Víctor e Irene, llevan horas preparando las 250 elaboraciones que componen el menú, dejándolas listas para cuando comienza el show.

Llegué pronto a la cita, tras una rápida sesión de gimnasio que me preparó para la ocasión. Allí, éramos varios los congregados en la puerta, ávidos de saber más sobre lo que nos deparaba la noche. Cuando dieron la hora en punto, se abrió la puerta y pasamos a una acogedora salita de espera, organizada en sofás y mesas bajas, donde Víctor se presentó y comenzó a preparar los aperitivos.

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Mientras él iba organizando las diferentes composiciones, nos ofrecieron la posibilidad de maridar la cena con varios tipos de bebidas: tres vinos, tres cervezas y tres aguas. Yo, por supuesto, elegí vino, que pude combinar más tarde con agua. Sin embargo, si el comensal prefiere un maridaje más completo, hay varias combinaciones más.

Cuando ya tenía la copa de vino en la mano, llegó el primero de los aperitivos: peces tropicales de ajo blanco y ajo negro, camarón y cebolla, y curry y violetas, acompañados de una salsa de albahaca de un intenso tono azul que recordaba al color del mar.  Sabores originales, bien combinados y texturas diferentes, muy especiales.

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Primer aperitivo: peces tropicales

Los peces dieron lugar a la preparación en directo de una michelada nitro, un cóctel típico mexicano, versionado por Rodrigo, con base de cerveza, cubitos de hielo de nitrógeno y un toque picante, muy refrescante.

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Víctor Rodrigo preparando la ‘michelada nitro’

La michelada acompañaba un chocolate salado de pizza y unos torreznos de piel de jamón cocidos a baja temperatura.

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Chocolate salado de pizza
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Torreznos de piel de jamón

A continuación, llegaron los tacos. El primero, “Ostras, qué taco de jamón”, tenía la base de jamón, como bien indica su nombre, y en el interior un helado de ostras acompañado de alga nori. El segundo, un taco de queso con daditos de tomate confitado y helado de jabugo. Intensidad de sabor, textura inigualable, papilas gustativas a tope.

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Los tacos

Y, por fin, llegó el momento de descubrir la gran mesa, donde encontraríamos la magia durante un par de horas más. Nos guiaron hacia el interior del local, en el que había una mesa en forma de U con dieciséis localidades. Tomamos asiento y comenzó el espectáculo. Con la copa de vino, siempre cambiante y siempre llena, Víctor y sus compañeros empezaron a esbozar, con las primeras elaboraciones y sobre un lienzo de piedra, lo que un rato después se convirtió en un auténtico bosque. Una base dibujada de crema de queso parmesano y diferentes tipos de setas, en texturas de arena, musgo y piedras, todas ellas cogidas en familia y con sus propias manos, componían la mayor parte de la escena. ¿El resto? Elaboraciones con especias y frutos secos. No daré más detalle, pues con la foto es suficiente para hacerse una, aunque muy ligera, idea de lo que espera al comensal.

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El chef, dibujando la primera etapa de “El bosque”
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Primer escenario: “El bosque”

El segundo escenario, que a mí ya me pilló entusiasmada con el ritmo que le aportaban a la cena los Chemical Brothers, es para dejarte llevar. Las luces se oscurecen, el volumen de la música asciende y todo se vuelve brillante por las lámparas de neón. Llegaron las elaboraciones de Flúor: pura química en una nueva superficie de piedra en la que los artistas de Samsha fueron esbozando unas líneas basadas en elementos químicos, sobre las que iban superponiendo las diferentes elaboraciones. ¿Mis preferidas? El brazo de gitano de mantequilla y ajo negro, la gamba baozi rellena de ceviche y el nem de cochinillo con puré de patatas. No desvelaré nada más, que al final acabaréis sabiendo todas las sorpresas 😉

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Segundo escenario: Flúor

Cuando terminamos, se llevaron de nuevo la siguiente parte de la mesa, que dio lugar a una superficie de mármol blanca. Sobre ella, y con las luces todavía semi-apagadas, comenzó la última parte del espectáculo: Arco Iris. El dulce, protagonista en esta tercera entrega, se disponía por colores, todos los del propio arcoíris. Al final del montaje, el equipo de Samsha colocó una bola hueca de chocolate encima de una de las elaboraciones y culminó el postre con una niebla de nitrógeno líquido que hacía aparecer de nuevo todos los componentes de este sorprendente postre.

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Tercer y último escenario: Arco Iris dulce
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Montaje del postre
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La sorpresa

Como toda “cena”, tras un sinfín de sorpresas, acabamos volviendo al punto de partida, el rincón acogedor de la entrada, para tomar un buen café.

Sin duda, Samsha es un lugar de culto al producto, al que Víctor Rodrigo intenta dar un giro inesperado en todo momento, convirtiéndolo en lo que nunca nos esperamos. Por eso, si tu deseo es experimentar lo inesperado, este es tu sitio.

Bienvenido a Samsha, el mundo en el que las cosas nunca son lo que parecen ser.


Más información:

Dirección: Calle Periodista Ros Belda, 4 (Valencia)

Teléfono: 96 389 19 02

Precio: desde 80 euros por persona (en función del tipo de maridaje que se elija)

Página web: www.samsha.es

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