Nimú bistró: buena cocina en un ambiente muy acogedor

Acababa de llegar a Madrid para pasar unos días con familia y amigos. Nada más pisar la estación de Atocha, me llevé una muy grata sorpresa: mi familia había reservado mesa en Nimú, un bistró súper acogedor en pleno Barrio de Salamanca.

Estuve en Nimú hace unos meses y tuve una experiencia de lo más agradable. Así que repetí con mucha más ilusión que cuando entré por primera vez por la puerta de este restaurante madrileño, habían cambiado la carta y no sabía lo que me esperaría al sentarme en nuestra mesa. El local está como siempre: madera, luz tenue, telas de diferentes colores y espacio suficiente entre mesa y mesa, algo verdaderamente importante para mí, pues si no la incomodidad hace que una buena experiencia pueda perder todo su encanto.

Nuestra mesa
Nuestra mesa

Nimú es el restaurante del Hotel Adler, un hotel de 5 estrellas decorado por Pascua Ortega, reconocido diseñador de espacios como Sant Celoni o La Cesta, entre otros, lo que consigue que este lugar se convierta en un paraíso de lujo y la gastronomía en el centro de Madrid.

Las cartas están siempre dispuestas encima de cada mesa, son de metal, muy pesadas, pero muestran los platos de un solo vistazo. Empezamos, nada más llegar, por una copa de vino blanco frío, Chardonnay, para empaparnos del ambiente de Nimú. En cuanto llegó el cuarto invitado de nuestra mesa, el maître, como siempre tan encantador, nos fue aconsejando sobre los productos que aparecían en la nueva carta y que todavía nos eran desconocidos.

La cena comenzó con una ensalada césar en hoja de shisho, dispuesta en pequeños montículos individuales en los que se disponían todos los ingredientes, unos sobre otros, para que, una vez estuvieran en la boca, se percibieran todos los sabores. La hoja de shisho, más conocida como la albahaca japonesa, debajo, debía rodear los brotes frescos, el pollo rebozado y la salsa, césar con cítricos, cubierta con ralladura de queso parmesano y reducción de aceto balsámico. Era un bocado de lo más especial, muy fresco y en el que se notaba cada sabor. Nos sorprendió mucho, pues de la típica ensalada césar a ésta hay un mundo.

Ensalada César en hoja de shisho
Ensalada César en hoja de shisho

Después, no podía faltar la ensaladilla rusa, un clásico de prácticamente todas mis cenas (algún día haré la selección de las que más me gustan). La de Nimú es como la de casa, pero le ponen por encima unos carabineros salteados con ajo y perejil. La de la última vez la recordaba mejor, pero en esta segunda ocasión no nos gustó tanto, estaba bastante sosa.

Ensaladilla rusa con carabineros salteados
Ensaladilla rusa con carabineros salteados

Continuamos con, para mí, el plato estrella: mollete japonés con pollo crujiente y huevo de codorniz. Un bao, en toda regla, y de los mejores que he probado hasta ahora. La salsa tenía un puntito picante y tenía verduritas por dentro, ¡buenísimo!

Mollete japonés con pollo crujiente y huevo de codorniz
Mollete japonés con pollo crujiente y huevo de codorniz

Seguimos compartiendo, aunque terminamos la cena con dos platos principales de carne: unas albóndigas de ternera lechal y unas fajitas de rabo de toro y guacamole.

Albóndigas de ternera lechal
Albóndigas de ternera lechal

Ambos platos muy buenos, sobre todo las albóndigas, ya que tenían una salsa espectacular acompañada de patatitas fritas y trocitos de zanahoria, y que no dudé en acabarme con pan.

Fajitas de rabo de toro desmigado con guacamole
Fajitas de rabo de toro desmigado con guacamole

Con un par de rápidos cafés y tés terminó nuestra cena. No pedimos postre, ¿y eso? Buena pregunta: a pesar de ser clientes habituales (yo no tanto, pero mi familia sí, pues viven muy cerquita y van bastante a menudo), sentimos desde el primer momento que lo único de lo que tenían ganas ese día los camareros era de cerrar e irse a dormir. La cena transcurrió bastante deprisa, no nos dejaban prácticamente terminar los platos, se los llevaban enseguida y nos traían los siguientes, y así con todo. Fue una pena, la verdad, porque no pudimos disfrutar de la comida tanto como a nosotros nos hubiera gustado. De hecho, cuando estaba con el pan en la mano, a punto de empaparlo con otro poquito de la salsa que quedaba de las albóndigas, vino el camarero y, sin pensárselo dos veces ni mirar el contenido, se llevó el plato. Mi cara lo dijo todo en ese momento… Así que, como nos sentimos presionados, pedimos la cuenta y nos fuimos de inmediato.

La cena fue bien en cuanto a la comida y el comportamiento del maître, siempre excepcional, pero lo demás consiguió que todo se nublara y que la experiencia no fuera tan especial como lo esperábamos. Una lástima…


Más información:

Dirección: Calle Goya, 31 (Madrid)

Teléfono: 91 426 32 25

Precio: Entre 25 y 35 euros por persona

Página web: www.nimubistro.com

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